Un alimento que haya sido congelado no tiene por qué suponer un peligro, recordemos que el ejemplo más genuino de congelación y que utilizamos cada día más es la congelación de leche materna que puede durar varios meses y no perder prácticamente sus propiedades físico-químicas tan importantes en la alimentación del lactante.
Por ello, podemos decir que si los alimentos se han congelado muy frescos y el proceso de congelación ha sido rápido, las propiedades nutritivas de los mismos son correctas y pueden utilizarse perfectamente para la comida del niño.
La congelación consiste básicamente en la conversión del agua que contienen los alimentos en hielo como consecuencia de su exposición a temperaturas muy bajas. Este proceso preserva las cualidades de los alimentos: su calidad, sabor, textura y nutrientes; detiene su proceso natural de degeneración y evita el crecimiento de bacterias, hongos y otros microorganismos.
Por ello, cuanto antes se congele un alimento, antes se interrumpe su deterioro. La congelación inmediata de un alimento tras su recolección o captura (entre dos y tres horas después) impide que empiece a degradarse y garantiza su máxima frescura.
Gracias a las investigaciones y a los avances científicos, actualmente se puede congelar todo tipo de productos (verduras, carnes, pescados, comidas preparadas, etc.), pudiéndose garantizar que llegan al consumidor con las máximas garantías de higiene, seguridad y calidad.
Tan importante como la congelación y el almacenamiento es el proceso de descongelación. En este sentido, conviene tener en cuenta las normas básicas de utilización de los productos congelados.
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Comida congelada para niños II – Comida congelada para niños III
Muy cierto! Comparto el post! Porque yo muchas veces tiro de congelados como los de Aviko y a veces pensaba que hacía mal, pero es una tontería pensar que los congelados son peores, porque en verdad se detiene ese periodo de degradación del alimento para ser consumido después!